«Toques» de la Palabra
«Se han hecho un becerro de metal, se postran ante él, le ofrecen sacrificios y proclaman: “Este es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto”». (Ex. 32, 8b)
Cuaresma.
La tentación, la amenaza mayor es la idolatría. Siempre está ahí agazapada en algún pliegue del corazón. Es seductora, promete mucho, promete todo …y al final te deja el vacío. Llamar «dios» a lo que no es, ni puede ser; hacer de cualquier ídolo, un «dios». Nadie escapamos a su zarpazo. Ni mucho menos, los creyentes.
Cuaresma.
Hay esperanza. Con la mano en el pecho, en este tiempo propicio, examino dónde tengo colgado el corazón. Por qué o por quién lucho y sufro, madrugo y trabajo, camino y espero… Mi tesoro. Mi perla preciosa, ¿dónde está?… «Los dioses de la tierra no me satisfacen»; conozco sus engaños. «Tú, Señor, eres mi bien». Al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, a Él solo adoraré.
Plegaria
Señor y Buen Dios:
sabemos, aunque no siempre lo vivamos,
que estás con nosotros, eres nuestro Dios.
Perdónanos cuando fabricamos
nuestros propios dioses
hechos a nuestra imagen y medida,
cosas a las que estamos apegados y esclavizados.
Recuérdanos siempre que nos hiciste
según tu propia imagen indeleble
y que nos muestras tu perfecta semejanza
en Jesucristo, nuestro Hermano y Salvador.