Día 33. – 6 de abril, domingo de la quinta semana

«Toques» de la Palabra

«… yo lo persigo, a ver si lo alcanzo como yo he sido alcanzado por Cristo». (Filp. 3, 12b)

Cuaresma.

Contra la tentación de instalarse, de acomodarse, de sentirse «estable funcionario de la administración», la Palabra siempre nos reclama avivar la conciencia de nuestra condición: seres en camino, peregrinos de la historia, caminantes de la salvación.

Cuaresma.

Hay esperanza. La experiencia, preciosa, de haber sido alcanzados por Cristo; de poder narrar cómo nos salió al camino, cómo se cruzó por nuestras vidas; cómo se hace el permanentemente «encontradizo»… Esa experiencia pone alas en los pies, renueva el ardor por alcanzar la meta, nos hermana con tantos caminantes obligados, desplazados por decreto, tirados por los caminos de la búsqueda de una mínima dignidad de vida. Él nos alcanzó y se hizo eterno peregrino a nuestro lado. Hagamos lo mismo con todos los migrantes, refugiados, desplazados, indocumentados…

Plegaria

Señor y Buen Dios:
el don más precioso que has hecho
a cada hombre y a cada mujer
es tu amor incondicional,
amor más fuerte que la muerte,
amor que da vida al pecador,
amor que lleva a la plenitud.
Solo el amor nos cambia, nos transforma,
nos pone de nuevo, cada día,
en el camino de la verdad, del bien,
de la entrega, de la fraternidad.
Que nunca nos falte ese amor.