La Palabra nos pone frente a toda idolatría. No solo a la que se refiere al culto a un totem, sino también a nuestros narcisismos.

La Palabra nos pone frente a toda idolatría. No solo a la que se refiere al culto a un totem, sino también a nuestros narcisismos.
La Iglesia nos invita a volvernos hacia Dios, movimiento trascendente y teologal; a poner nuestros ojos en el rostro divino revelado, en Cristo. Él deberá ser el motivo absoluto del itinerario cuaresmal.
En los contratos de transacción, más aun si son importantes, es normal pedir una señal. Así, en caso de rescisión, no quedará perjudicada la parte comprometida, que, debido a la promesa de compra o adquisición, hasta habrá retirado su oferta.
Hoy es el día en que la comunidad hispana de rito mozárabe celebra la gran fiesta en honor de la Virgen, que toma el nombre “de la Esperanza”. La que se representa en los iconos se conoce como “la Virgen del Signo”, y en ellos se muestra al pequeño Jesús dentro del seno de su madre.
Comienza la cuenta atrás. A ocho días de la Navidad, la Liturgia interrumpe el orden de los días naturales de la tercera semana para cambiar el leccionario de los días del calendario. Es como el octavario de preparación inmediata a las fiestas cristianas más entrañables.
La Liturgia permite abandonar el color morado, para tomar el alivio del color rosado, por haber alcanzado la mitad del camino de Adviento. La invitación a la alegría surge de la esperanza que suscita la venida del Mesías…
Es muy arriesgado traducir el lenguaje y las palabras que se refieren a Dios desde nuestras categorías, basándonos en los significados que damos a los términos, como puede suceder con las palabras padre, madre, esposo o amado.
No es indiferente que ya hayamos superado la mitad del tiempo cuaresmal. La Iglesia ha celebrado el domingo de la alegría, ha aliviado el color morado, y los catecúmenos ven más cerca el gran día de su bautismo, por el que en verdad sucederá algo nuevo.
Pueden ser muchas las reflexiones que se suscitan con la lectura de los textos que hoy propone la Liturgia. No es indiferente que sean las del IV Domingo de Cuaresma, las catequesis y la pedagogía progresiva hacia la Pascua.
Es un deseo aparentemente honesto conseguir la perfección con esfuerzo personal y de ese modo adquirir consciencia de cumplidor. Nuestra naturaleza es más proclive a conquistar que a dejarse querer y perdonar, pero a Dios le gusta más la humildad y el deseo de perdón.
Las tres llamadas son concéntricas y se polarizan en la afirmación esencial de que solo Dios es Dios, y nadie más merece nuestro reconocimiento, nuestra adoración y nuestro amor absoluto.