Si en siglos pasados se pudo entender la vida cristiana como «fuga del mundo» para darse a la contemplación divina, en la actualidad es imposible.

Si en siglos pasados se pudo entender la vida cristiana como «fuga del mundo» para darse a la contemplación divina, en la actualidad es imposible.
El cristiano experimenta a Dios viviendo según las exigencias de la fe, meditando la Palabra revelada, participando en los sacramentos y en la vida de culto, comprometiéndose por la justicia y adhiriéndose a la voluntad de Dios.
El cristiano no puede limitarse a la observancia de preceptos; sabe que está llamado a vivir plenamente la vida del Espíritu.
Nos hemos quedado con un mundo «desalmado» que consigue aplastar al hombre y le impide encontrarse consigo mismo.
Los laicos son aquellos cuyo ser cristiano y cuyas responsabilidades están «metidos» en la vida y en la trama del mundo. El mundo es lugar donde tiene que ser cristiano, tomando sobre sí las responsabilidades de la vida de los hombres de su tiempo y de la
Si en siglos pasados se pudo entender la vida cristiana como «fuga del mundo» para darse a la contemplación divina, en la actualidad es imposible.
El cristiano experimenta a Dios viviendo según las exigencias de la fe, meditando la Palabra revelada, participando en los sacramentos y en la vida de culto, comprometiéndose por la justicia y adhiriéndose a la voluntad de Dios.
El cristiano no puede limitarse a la observancia de preceptos; sabe que está llamado a vivir plenamente la vida del Espíritu.
Nos hemos quedado con un mundo «desalmado» que consigue aplastar al hombre y le impide encontrarse consigo mismo.