Comentario al Evangelio del Lunes 21 de Abril de 2025

Fecha

21 Abr 2025

Realmente esta historia de Jesús no empezó nada bien. A nosotros nos gustan las grandes celebraciones: mucha gente, muchos celebrantes, muchos cantos, mucho incienso… Todo muy solemne. Casi como si fuese una liturgia celestial. Pero la verdad es que la historia no empezó así.

Empezó, lo recordamos hace unos meses, en un pesebre, cueva o cuadra. Ese fue el palacio donde nació nuestro señor. A lo largo de su vida la historia no fue a mejor. Jesús se movió sobre todo por los caminos de Galilea, hablando y viviendo con la gente más sencilla, con los pecadores, con los enfermos. Era gente marginal. Nada que ver con el centro de poder o del mundo religioso de la época.

Y el final fue ya estruendosamente malo: crucificado y, todo un signo, fuera de los muros de Jerusalén, la ciudad santa. Ahora dicen, decimos, que resucitó. Pero ni con esas mejoramos. Para empezar, los primeros testigos de la resurrección no fueron ellos, los apóstoles, ni siquiera Pedro que era su líder, nombrado por el mismo Jesús. Los primeros testigos de la resurrección fueron “ellas”. Alguno ya pensará que este comentarista ya le está dando al feminismo tan en vigor hoy. Nada de eso. Es que, nos guste o no, en la época de Jesús el testimonio de las mujeres no tenía valor. Así de sencillo y de directo. Por eso resulta más chocante, y revolucionario si cabe, que Dios escoja a las mujeres para ser las primeras en dar testimonio de la resurrección de Jesús, que es y será siempre el fundamento, la piedra clave, el centro de nuestra fe.

Y para poner peor las cosas, los sacerdotes y los ancianos se encargan de manipular sin miedo ni vergüenza a la opinión pública divulgando una mentira: que los discípulos habían robado el cuerpo. Y muchos lo siguen pensando.

Conclusión: Dios está más allá de nuestras posibilidades. La resurrección no es cuestión de testigos. No se toca ni se ve. Es cuestión de fe. Creemos que Jesús ha resucitado y que así nos ha abierto a todos la puerta de la vida. Por eso, vale la pena seguir luchando por el reino. A pesar de los pesares.

Fernando Torres, cmf

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