Orar es gracia de Dios y también un arte que se ha de ejercitar. Se puede aprender a recoger el espíritu antes de entrar en la oración…

Orar es gracia de Dios y también un arte que se ha de ejercitar. Se puede aprender a recoger el espíritu antes de entrar en la oración…
Dios va haciendo su obra sin contar, aparentemente, con nosotros. Hay que hay que ‘saber’ entender y aceptar con paciencia.
En la medida en que uno encuentra su pobreza, nace el vacío y también la experiencia, aparentemente contradictoria de «entender a Dios justo cuando uno experimenta que no entiende nada»; que todo se le escapa.
La postura quieta y sostenida, puede parecer la metáfora de un fósil, pero es un ‘estado de espíritu’ y, en el caso del orante, una manera de enamoramiento, como relata el Cantar de los cantares, que, aunque lo aplica al amado, es también la actitud de la amada.
La mente no sabe ‘estar’ ante un acontecimiento que no ve, ni toca, ni controla; ante un acontecimiento en el que el cuerpo no responde; la mente se revuelve inquieta, siempre a la expectativa y a la espera de resultados inmediatos.
Frecuentemente no llevamos lo suficientemente lejos nuestra búsqueda de la verdad. Habiendo ejercitado nuestro intelecto hasta un cierto límite, creemos que no hay esperanza de posterio res descubrimientos o investigaciones.
A veces, el orante necesita ‘hablar’, dialogar, desahogarse. Dejar que el corazón se le derrame ante Dios (Lm 2,19; Sal 60,9; 1S 1,15; Éx 33,11). Háblele con franqueza, con sencillez, sin artificio; o rece algo que le guste; o recite un salmo; o exprese los afectos que surjan de su corazón.
Ignacio de Loyola aconseja crear ‘gestos’; en el fondo, ‘modelos mentales y emocionales, al mismo tiempo que corporales’, en los que trata de enseñar a verter la propia relación de amor…
El orante necesita hacer algo, decir algo, expresarse, de algún modo. Necesita darle alguna ‘visibilidad’ a su relación.
El principio que rige el proceso oracional es que ‘todo sea sin violencia’. Todo ha de estar a la altura del corazón, donde la relación de amor se humaniza y donde la persona está contenida.
Orar es gracia de Dios y también un arte que se ha de ejercitar. Se puede aprender a recoger el espíritu antes de entrar en la oración…