Somos invitados en este encuentro a orar juntos. Y a orar bien. Tal vez la oración sea nuestra única fuerza, el único instrumento de que disponemos para mejorar cosas y hacer posible lo imposible. La vida de cada uno de nosotros y las de los hermanos y hermanas a quienes servimos son el campo donde el buen Sembrador siembra simientes de vida y santidad.
