Si después del anuncio del mensajero celestial, la Virgen de Nazaret es llamada también «bendita entre las mujeres» (Lc 1, 42), esto se explica por aquella bendición de la que Dios Padre nos ha colmado en los cielos, en Cristo (RM, 8).

Si después del anuncio del mensajero celestial, la Virgen de Nazaret es llamada también «bendita entre las mujeres» (Lc 1, 42), esto se explica por aquella bendición de la que Dios Padre nos ha colmado en los cielos, en Cristo (RM, 8).
En el alma de María, hija de Sión, se ha manifestado en cierto sentido toda la gloria de su gracia, aquella con la que el Padre nos agració en el Amado. El mensajero saludó a María como llena de gracia; la llama así como si éste fuera su verdadero nombre (RM, 8).
La gloria de la gracia de Dios se ha manifestado en María por el hecho de que ha sido redimida de un modo eminente. En virtud de la gracia del Amado, en razón de los méritos redentores del que sería su hijo, María ha sido preservada de la herencia del pecado original. De esta manera, desde el primer instante de su concepción, María es de Cristo… Por obra del Espíritu Santo, María recibe la vida de aquel al que ella misma dio la vida como madre (RM, 10).
Cuando Dios se revela hay que prestarle la obediencia de la fe, por la que el hombre se confía libre y totalmente a Dios. Esta descripción de lafe encontró una realización perfecta en Maria (RM, 13).
En la anunciación, Maria se ha abandonado en Dios completamente, manifestando la obediencia de lafe a aquel que le habla a través de su mensajero y prestando el homenaje del entendimiento y de la voluntad (RM, 13)
Maria, que… se ha encontrado en el centro mismo de los mescrutables caminos y de los insondables designios de Dios, se conforma a ellos en la penumbra de la fe, aceptando plenamente y con corazón abierto todo lo que está dispuesto en el designio divino (RM, 14).
Este icono es uno de los más célebres en la Iglesia greco-ortodoxa y atrae a numerosos peregrinos.
En medio de la noche, o cuando se cierne sobre nosotros el peligro de «una tormenta perfecta»…, el creyente eleva sus ojos y su corazón errante a María
Esta escena no es la simple ilustración de un suceso de la infancia de Jesús, sino que presenta un profundo significado.
«Junto a la cruz de Jesús estaba su madre…» (Jn 19,25)
María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón