Lo que ven los demás en nosotros es nuestro amor. Así nos sentimos reflejo del amor de Dios en el mundo.

Lo que ven los demás en nosotros es nuestro amor. Así nos sentimos reflejo del amor de Dios en el mundo.
La relación auténtica, a veces, produce dolor. Querer evitarlo a toda costa, refugiándose en la incomunicación, sería un mal negocio.
Se nos insiste a los pastores y a los fieles que suframos y amemos junto con las personas interesadas, debemos ofrecer una ayuda fundada conjuntamente en la verdad y en el amor.
Un cuadro tenebrista también es bello. En él la luces se potencian con las sobras. El claroscuro hace disfrutar a quien lo contempla.
Nuestra vivencia espiritual personal de solteros evolucionó de forma completa al entrar uno en la vida del otro.
Soñar un mundo reconciliado es patrimonio común de los hombres. ¡Hay que sanar las heridas para que no se engangrenen!
Los ajedrecistas lo saben muy bien: cuando una pieza se mueve en el tablero, todo él se mueve.
En una cultura bastante emocional como la nuestra suena bien la palabra ternura.
Mi capacidad de comprender no encuentra reposo y me percibo como un niño ante un rompecabezas que no sabe descifrar.
Aunque sea previsible su pérdida, se hace difícil evitar el dolor que causa la ruptura de la pertenencia.
Alguien, bastante cuerdo y observador, pudo decir: un problema es un problema; mil problemas son una estadística.