Acercarse a la Biblia no es fácil. Hay muchos ‘métodos’, pero su uso no garantiza, sin más, llegar a desentrañar el sentido de la Palabra.

Acercarse a la Biblia no es fácil. Hay muchos ‘métodos’, pero su uso no garantiza, sin más, llegar a desentrañar el sentido de la Palabra.
Para expresar la actitud espiritual ante el texto sagrado, la tradición cristiana ha creado una expresión fuerte, llena de contenido: lectio divina.
No se estudia la Biblia desde ella misma, sino desde la propia situación de la Comunidad. Se busca respuesta a problemas que ahora nos acosan.
El autor del artículo nos presenta lo que el libro sagrado le ha enseñado después de un cuarto de siglo consagrado a su estudio.
A través de esa palabra, Dios se dirige a la realidad más honda de la persona, nos orienta para que lleguemos a humanizar nuestro mundo, nuestra persona, todo lo que somos.
Si la Biblia es la larga carta de amor del Padre a sus hijos, del Esposo a la esposa-iglesia, la forma de corresponder es responder en la misma clave.
Cuando nos miramos y seguimos profundizando aprendemos a leer en el corazón como en un evangelio escrito.
La Palabra de Dios, en cuanto permite encarnar el ideal evangélico en actitudes concretas, es el instrumento más adecuado para superar la escisión entre fe y vida diaria.
Quien desconoce la Biblia desconoce a Jesucristo, todo en nuestra fe tiene en la Escritura su alimento y su criterio de juicio y discernimiento.
Necesitamos leer, contemplar y orar la Palabra desde la misma vida, y en concreto desde la vida de los pobres.
Acercarse a la Biblia no es fácil. Hay muchos ‘métodos’, pero su uso no garantiza, sin más, llegar a desentrañar el sentido de la Palabra.