El evangelio fue para Pablo causa de innumerables sinsabores, la mayoría de los cuales los podemos sólo imaginar.

El evangelio fue para Pablo causa de innumerables sinsabores, la mayoría de los cuales los podemos sólo imaginar.
No es posible hablar de la primera gran difusión del evangelio sin prestar atención a los afanes y correrías evangelizadoras de Pablo de Tarso.
Jesús también pasó por la experiencia del dolor. No lo buscó directamente. Lo tuvo que sufrir como consecuencia de su lucha por el Reino.
En los medios tradicionales del catolicismo popular, entre las categorías de personajes religiosos que se salen de la fila, figuran los profetas. Los profetas, prehistoriadores del futuro, superan la barrera del tiempo y cuentan lo que está por ver.
En la dinámica evangelizadora de hoy existe una marcada tensión entre la doctrina y la praxis. Hay quien insiste en la necesidad de las ideas claras, hay quien acentúa la dimensión de vivencia, sentido, compromiso.
Jesús anuncia el triunfo y la eficacia de los pobres, los últimos de la sociedad. Todo se ha invertido. La muerte de Jesús (el fracaso del pobre) viene a desvelarse como triunfo de la nueva humanidad.
En nuestra sociedad son frecuentes las ‘confrontaciones’ entre las personas, ocasionadas por circunstancias y situaciones de índole diversa.
Pablo cree que ha sido destinado desde antes de su nacimiento para ser un vocero de Dios, y en particular para comunicar la palabra de Dios a las naciones, es decir, a los paganos.
Cristo crea una nueva identidad humana en la que mueren efectivamente otros signos de identidad humana.
Pablo es perseguido por predicar el escándalo de la cruz, no por predicar la obligatoriedad de la circuncisión.
Figura impregnada y determinada por el evangelio que, de forma clara o solapada, se halla siempre bajo el signo de la persecución.